Sombra azul

jueves, septiembre 30, 2004

Me perderé
en la niebla de tus ojos
cuando susurres mi nombre.
Viajaré hasta el infinito
cuando tu mano temblorosa repose
sobre mi vientre. Te buscaré ...
buscaré el mar de tu risa perdida.
Despertaré sola con el viento
que agitará mi cuerpo
y susurrará tu nombre
entre las rocas.

miércoles, septiembre 29, 2004

Nueva "rutina"

Comienza el nuevo año académico y con ello comienza una nueva “rutina” y aunque me parece muy raro incluso a mi misma lo cierto es que me enfrento a ello con muchas ganas esta vez. A lo mejor es que este año comienzo con premio (si, me voy a pasar el Pilar a Zaragoza!) o a lo mejor es que comienzo a sentar la cabeza. Sólo espero tener ganas y fuerzas suficientes para llegar hasta el final con éxito.

lunes, septiembre 27, 2004

Aunque tú no lo sepas

Aunque tú no lo sepas,
me he inventado tu nombre,
me drogué con promesas,
y he dormido en los coches.

Aunque tú no lo entiendas,
nunca escribo el remite en el sobre,
por no dejar mis huellas..

Aunque tú no lo sepas,
me he acostado a tu espalda,
y mi cama se queja,
fría cuando te marchas.
He blindado mi puerta,
y al llegar la mañana,
no me di ni cuenta,
de que ya nunca estabas.

Aunque tú no lo sepas,
nos decíamos tanto,
con las manos tan llenas,
cada día más flacos,
inventamos mareas,
tripulábamos barcos
y encendía con besos
el mar de tus labios.

ENRIQUE URQUIJO

sábado, septiembre 25, 2004

Desorden

Prohibido el paso,
no entrar en esta selva.
Entre putas y pitos,
entre pelotas y gritos.
Chillones colores,
extraños olores.
Entre saltos y trastos,
entre nubes y astros.
Los niños, las manos,
la cuerda, el árbol.
Entre el cielo y el suelo.
Prohibido el paso,
no entrar en esta selva.

jueves, septiembre 23, 2004

Aquel fantasma

Ella me había comentado que por fin era feliz en su matrimonio. Cuando se casó, hacía ya cinco años, no estaba muy segura. Aún era muy joven y se había dejado llevar por la emoción, la locura. Cuando quiso darse cuenta volaba en un avión rumbo a la Polinesia para pasar su luna de miel. Se habían conocido por azar, ella corría por las escaleras del metro y le descubrió siguiéndola. Entonces ella se había girado, enfadada, para preguntarle que era lo que pretendía siguiéndola cuando él levantó su mano derecha mostrándole su pañuelo naranja que tanto le gustaba ya que le traía recuerdos de aquel viaje a Marruecos donde le había comprado. Se le había caído y ella no se había dado cuenta. Se sintió avergonzada. Recuperó su pañuelo y siguió corriendo. Justo una semana después mientras esperaba el metro alguien se acercó y casi susurrando le preguntó qué perfume usaba. Ella levantó la vista de su libro y se encontró con el chico que había recogido su pañuelo. ‘¿Perdona?’ preguntó ella sorprendida. ‘Si, tu perfume...el pañuelo..aún recuerdo... Bueno, perdona, olvídalo’. Aquello dio lugar a una conversación, la conversación a un par de cafés que pasaron a ser numerosos encuentros y un año y medio después a su boda. Él se había convertido en la persona más importante de su vida. Sin embargo, tras la boda ella había comenzado a sentir vértigo.
Yo la había conocido hacía apenas un año. Era una persona tímida, seria, aunque cariñosa, dulce y divertida en confianza. Cuando me trasladaron me costó adaptarme a mi nuevo espacio de trabajo, a mis nuevos compañeros. La conocí en la sala de fumadores donde solía huir cuando sentía que no podía más e intentaba convencerme a mí mismo que pronto todo cambiaría y empezaría a adaptarme. Fumar me relajaba, me gustaba aislarme en ese ambiente de humo. No sé muy bien como pero acabamos siendo amigas.
Aquel día le comenté que había conocido a un chico especial. Ella se alegraba mucho, decía que yo me lo merecía y esperaba que me fuese muy bien. Y fue entonces cuando me comentó que después de cinco años por fin se sentía segura de su matrimonio. Por fin sabía que era eso lo que quería, se había dado cuenta de que era feliz con su marido y que todo había valido la pena. Nos alegramos mucho de que por fin nuestras vidas sentimentales fueran un éxito y además en el mismo momento. Decidimos ir a tomar una copa para celebrarlo después del trabajo.
Ella me consoló cuando un par de meses mas tarde había descubierto que estaba casado. Él había decidido contármelo porque no le gustaba esa sensación de estar engañándome. ‘Es con ella con la que paseo de la mano pero es a ti a quien quiero de verdad’ me decía él. Yo le quería pero aquello me daba mucho miedo. Ella me escuchaba y me daba ánimos. ‘Lucha por él si le quieres’ me decía’ tú no tienes la culpa, el amor no es eterno, si se ha fijado en ti es que ya no está enamorado de su mujer’. Él me hacía muy feliz. No le tenía todo el tiempo para mi pero cuando le tenía era muy intenso. Ella se alegraba por mí, tenía muchas ganas de conocer a mi chico y de presentarme a su marido. Salíamos juntas de la oficina planeando una cena para los cuatro. Miró el reloj y se despidió corriendo. Su marido la esperaba en la puerta. Tenía que ir al médico. La vi entrar en su coche... Entré de nuevo en el edificio para encender de nuevo mi ordenador y ponerme en contactos con los directivos de la empresa. Quería despedirme de ella no me sentía capaz de darle ningún tipo de explicación así que le dejé un mensaje en el contestador anunciándole mi traslado y que ya la llamaría. Volví a mi antiguo puesto de trabajo decidí volver a mi vida tal como era antes de mi primer traslado, antes de conocerla a ella, antes de que él apareciese, antes de descubrir que ella era su mujer.
Ese día cambié mi ruta habitual cuando volvía del trabajo, Hacía una tarde agradable y sentía la necesidad de caminar. Caminaba ensimismada en mis pensamientos cuando oí que alguien pronunciaba mi nombre. Era ella. Estaba guapísima y lucía una enrome barriguita de embarazada. ‘Mira! Nos enteramos de que estaba embarazada justo el día que te fuiste’, estaba feliz. Caminamos un rato juntas y me preguntó por mi chico. ‘Él... él aquel día cogió mis manos, susurro que me quería y desapareció para siempre’ le respondí bajando la mirada. Yo sabía que el final no había sido así pero... era así como había ocurrido en mis sueños y así lo recordaría siempre.
Hace un mes que he dejado de soñar con él. ¿Habré conseguido por fin alejar los fantasmas de mi pasado?

La Noche Le Es Propicia

Todo fue muy sencillo:
ocurrió que las manos
que ella amaba
tomaron por sorpresa
su piel y sus cabellos;
que la lengua
descubrió su deleite.
¡Ah, detener el tiempo!
Aunque la historia
tan sólo ha comenzado
y sepa que la noche
le es propicia
teme que con el alba
continué con sed
igual que siempre.
Ahora el amor la invade
una vez más. ¡Oh tú
que estás bebiendo!
Apiádate de ella,
su garganta está seca
ni hablar puede.
Pero escucha su herido
respirar; la agonía
de un éxtasis
y el ruego: no te vayas
no te vayas. ¡Quiero
beber yo!


JOSÉ AGUSTÍN GOYTISOLO.

Inundacion de vacio

A veces ocurre que de repente me inundo por dentro. Las lágrimas, en forma de ladrillos forman tabiques dentro de mi aislando mi cuerpo del resto de los cuerpos. Quisiera poder decirte que provocases un terremoto en mi cuerpo. Que cayesen todos los ladrillos. Que se fuera todo el vacío que se me acumula dentro. Lanzo palabras sueltas, vacías. Lanzo palabras que siempre se lleva el viento.

jueves, septiembre 16, 2004

Gota de agua

A través del cristal empañado puedo ver el otoño. Hoy más que nunca me siento atrapada. El viento agita los árboles, las ramas dejan caer las hojas marrones, viejas, pesadas, que llegan al suelo y son esquivadas por cuatro pájaros despistados que tienen todas sus plumas mojadas.
Las cosas suceden lentas ahí afuera mientras yo siento que a mí ya no me pasa nada: no siento nada, no me duele nada, no pienso en nada y ya tampoco hago nada. No puedo evitar desear formar parte de esa lenta imagen de otoño.
Me gustaría ser una gota, una gota de agua fría de rápidos movimientos, me gustaría desprenderme de una nube y deslizarme velozmente sin tener muy claro cual va a ser mi destino.
Me gustaría ser una gota, por eso levanto mi mano con uno de mis dedos extendidos y sigo, a través del cristal, el recorrido de una de ellas con la vana esperanza de fundirme con ella, atravesar el cristal y sentir como me deslizo hasta llegar al suelo.
Me gustaría ser una gota...
Ya estoy apunto de llegar al cristal, después lo descenderé y no volveré más a estar aquí encerrada. Saltaré, bajaré rodando y no podrán encontrarme.
Ahora soy una gota, soy una gota de agua fría de rápidos movimiento, me he desprendido de una nube y me deslizo velozmente sin preocuparme de mi destino.
Ahora ya no podrán encontrarme, no volverán a encerrarme. Me deslizaré por el cristal y me fundiré con las demás gotas formando un gran charco de agua.