Sombra azul

jueves, septiembre 23, 2004

Aquel fantasma

Ella me había comentado que por fin era feliz en su matrimonio. Cuando se casó, hacía ya cinco años, no estaba muy segura. Aún era muy joven y se había dejado llevar por la emoción, la locura. Cuando quiso darse cuenta volaba en un avión rumbo a la Polinesia para pasar su luna de miel. Se habían conocido por azar, ella corría por las escaleras del metro y le descubrió siguiéndola. Entonces ella se había girado, enfadada, para preguntarle que era lo que pretendía siguiéndola cuando él levantó su mano derecha mostrándole su pañuelo naranja que tanto le gustaba ya que le traía recuerdos de aquel viaje a Marruecos donde le había comprado. Se le había caído y ella no se había dado cuenta. Se sintió avergonzada. Recuperó su pañuelo y siguió corriendo. Justo una semana después mientras esperaba el metro alguien se acercó y casi susurrando le preguntó qué perfume usaba. Ella levantó la vista de su libro y se encontró con el chico que había recogido su pañuelo. ‘¿Perdona?’ preguntó ella sorprendida. ‘Si, tu perfume...el pañuelo..aún recuerdo... Bueno, perdona, olvídalo’. Aquello dio lugar a una conversación, la conversación a un par de cafés que pasaron a ser numerosos encuentros y un año y medio después a su boda. Él se había convertido en la persona más importante de su vida. Sin embargo, tras la boda ella había comenzado a sentir vértigo.
Yo la había conocido hacía apenas un año. Era una persona tímida, seria, aunque cariñosa, dulce y divertida en confianza. Cuando me trasladaron me costó adaptarme a mi nuevo espacio de trabajo, a mis nuevos compañeros. La conocí en la sala de fumadores donde solía huir cuando sentía que no podía más e intentaba convencerme a mí mismo que pronto todo cambiaría y empezaría a adaptarme. Fumar me relajaba, me gustaba aislarme en ese ambiente de humo. No sé muy bien como pero acabamos siendo amigas.
Aquel día le comenté que había conocido a un chico especial. Ella se alegraba mucho, decía que yo me lo merecía y esperaba que me fuese muy bien. Y fue entonces cuando me comentó que después de cinco años por fin se sentía segura de su matrimonio. Por fin sabía que era eso lo que quería, se había dado cuenta de que era feliz con su marido y que todo había valido la pena. Nos alegramos mucho de que por fin nuestras vidas sentimentales fueran un éxito y además en el mismo momento. Decidimos ir a tomar una copa para celebrarlo después del trabajo.
Ella me consoló cuando un par de meses mas tarde había descubierto que estaba casado. Él había decidido contármelo porque no le gustaba esa sensación de estar engañándome. ‘Es con ella con la que paseo de la mano pero es a ti a quien quiero de verdad’ me decía él. Yo le quería pero aquello me daba mucho miedo. Ella me escuchaba y me daba ánimos. ‘Lucha por él si le quieres’ me decía’ tú no tienes la culpa, el amor no es eterno, si se ha fijado en ti es que ya no está enamorado de su mujer’. Él me hacía muy feliz. No le tenía todo el tiempo para mi pero cuando le tenía era muy intenso. Ella se alegraba por mí, tenía muchas ganas de conocer a mi chico y de presentarme a su marido. Salíamos juntas de la oficina planeando una cena para los cuatro. Miró el reloj y se despidió corriendo. Su marido la esperaba en la puerta. Tenía que ir al médico. La vi entrar en su coche... Entré de nuevo en el edificio para encender de nuevo mi ordenador y ponerme en contactos con los directivos de la empresa. Quería despedirme de ella no me sentía capaz de darle ningún tipo de explicación así que le dejé un mensaje en el contestador anunciándole mi traslado y que ya la llamaría. Volví a mi antiguo puesto de trabajo decidí volver a mi vida tal como era antes de mi primer traslado, antes de conocerla a ella, antes de que él apareciese, antes de descubrir que ella era su mujer.
Ese día cambié mi ruta habitual cuando volvía del trabajo, Hacía una tarde agradable y sentía la necesidad de caminar. Caminaba ensimismada en mis pensamientos cuando oí que alguien pronunciaba mi nombre. Era ella. Estaba guapísima y lucía una enrome barriguita de embarazada. ‘Mira! Nos enteramos de que estaba embarazada justo el día que te fuiste’, estaba feliz. Caminamos un rato juntas y me preguntó por mi chico. ‘Él... él aquel día cogió mis manos, susurro que me quería y desapareció para siempre’ le respondí bajando la mirada. Yo sabía que el final no había sido así pero... era así como había ocurrido en mis sueños y así lo recordaría siempre.
Hace un mes que he dejado de soñar con él. ¿Habré conseguido por fin alejar los fantasmas de mi pasado?